El árbol de Laila crece en Cal Pastera

El árbol de Laila crece en Cal Pastera

De pequeña, Laila Chaabi, veía su padre trabajando en el huerto que tenían para autoconsumo y fue aprendiendo sobre qué, cómo y cuándo plantar, como regar … “Pequeños detalles que no te enseñan en la facultad, donde todo es muy teórico “, dice. Pero nunca se había planteado hacer de payesa. Como la vida da muchas vueltas, desde hace tres años trabaja el campo en Cal Pastera, una pequeña explotación de una hectárea de extensión en Sant Boi, propiedad de sus padres, y otra en Sant Vicenç dels huertos, de media hectárea. Estudió ingeniería agrícola y tiene 31 años.

Hoy, está al frente de su propio proyecto. Un negocio basado en la agricultura ecológica. Le gusta compararlo con la figura de un árbol. Primero se planta, se arraiga, crece, forma un montón de ramas y un día da frutos. De la semilla o el esqueje, habrá salido un árbol que desea que sea generoso. Ahora, está en la fase de crecimiento. Dice que se distingue el tronco. Uno que espera que dentro de un año, más o menos, se haga robusto y con el que se pueda seguir ganandose la vida.

“Tenía lo más importante para trabajar: la tierra”

“Cuando terminé la carrera -recuerda-, no tenía trabajo. Me pregunté: ¿qué hago? Me pongo a hacer de comercial fitosanitario? Fue pasando el tiempo hasta que me di cuenta de que yo tenía tierra! Tenía lo más importante para ponerme a trabajar “. Fue sumando las experiencias familiares y sus conocimientos y tomó la decisión de trabajar en el campo. “Es un trabajo poco agradecido y nada valorado, y en cambio la comida es la base de todo”, apunta. Ella y una amiga sumaron esfuerzos y apenas sin inversión, comenzaron a plantar en la propiedad de Sant Boi.

No lo tuvieron fácil. Los comienzos nunca lo son. Además, de vez en cuando recibían un jarro de agua fría por parte de algunos de sus compañeros agricultores: “Sois unas sucias, nos decían. Y todo porque tenemos plantas en el campo que para ellos son ‘malas hierbas’ “. Estas plantas son justo las que atraen fauna que se convierte en aliada para combatir según qué plagas. Quizás dan la impresión de que el campo no está cuidado, pero en realidad hacen una función importante para la cosecha, subraya.

El valor del “boca a oreja”

No habían pasado tres años cuando su amiga se fue para participar en otro proyecto agrario. Decidió seguir sola y comenzó a vender sus cosechas. Gracias al boca – oreja ganó clientes y éstos le dieron un reconocimiento entre los agricultores de los alrededores. A veces, se pone de acuerdo con otros pequeños productores para no repetir cultivos y entre todos poder tener un poco de todo: alcachofas, col Kale, acelgas, hinojo, rábanos, puerros, cebollas, pimientos, berenjenas, pepinos, calabazas y lechugas .

Sabe perfectamente cómo se hace camino. Sus horarios son, como dice el dicho, de sol a sol, y sus ganancias las reinvierte en el campo. Su madre pone el coche y le ayuda a llevar a vender sus productos. Ahora, está ahorrando para comprarse una pequeña furgoneta. Aparte de vender cestas de productos a través de su página web y grupos de consumidores, también vende en una parada, que comparte con otros tres pequeños productores de Viladecans, en en “Mercat de la terra”, que se organiza en la avenida del Paralelo de Barcelona los segundos sábados de cada mes, promovido por Slow Food Barcelona – Vázquez Montalban.

Proyecto TRACE

En el campo de Sant Vicenç dels Horts, trabaja en un proyecto promovido por la Associació Catalana de Traumatisme Cranioencefàlic i Dany Cerebral (TRACE). Laila cultiva productos ecológicos y colabora con las actividades de la asociación, que tiene como objetivos mejorar la calidad de vida de los afectados y familiares, y conseguir la inserción social, educativa, ocupacional y laboral de los afectados.

Si su árbol sigue creciendo como ha previsto, pronto podrá poner en marcha otro proyecto: cultivar plantas aromáticas y medicinales en una pequeña parte de la propiedad de Sant Boi. Ya lo ha bautizado como “el jardín de la salud”. Energía y ganas no le faltan. Va de cabeza y le gustaría tener el don de la ubicuidad.

Un ensayo de la ADV de Frutales del Parc Agrari encuentra el mejor abono para la agricultura ecológica

Los agricultores que se dedican a la agricultura ecológica en el Parc Agrari del Baix Llobregat habían planteado a menudo los técnicos de la Agrupación de Defensa Vegetal (ADV) del Parque Agrario sus dudas sobre cuál puede ser el mejor abono orgánico para la tierra. Ante los interrogantes, Albert Lacunza, uno de los técnicos de la ADV Frutales, con la colaboración de Mauri Gómez, responsable de mantenimiento de los espacios verdes de Can Comas, decidió investigarlo poniendo en marcha un estudio.

Los compuestos se aconsejan tanto en agricultura integrada como orgánica. Ahora bien, en el parque agrario la cabaña ganadera ha desaparecido y no hay lugares donde dispongan de estiércol. Además, como explica Albert, sobre los abonos orgánicos es necesario prever que, bien pueden resultar muy beneficiosos, bien pueden ser muy perjudiciales. Hay que sumar el hecho de que tan importantes son los ingredientes del abono como la manera de elaborarlo. A partir de estas premisas, inició el pasado diciembre un ensayo comparativo de diferentes compuestos para la agricultura ecológica, financiado por el Parque Agrario. Recientemente, ha terminado su estudio con la recepción de los análisis por parte de la Universidad de Barcelona y próximamente publicará los resultados en la web de la ADV fruitsdelbaix.cat.

Coles para las pruebas

Para el ensayo usó coles, aprovechando la temporada. Como sustrato, arena de construcción, un material inerte, de forma que su extrapolación a un suelo fértil tendría unos resultados iguales o mejores. Comparó los siguientes compuestos: humus de lombrices, que además de fertilizar es eficaz para recuperar tierras degradadas por sobreexplotación; otro elaborado a partir de estiércol de ternera por parte de una empresa berguedana; uno procedente de fracciones orgánicas de residuos de una planta de tratamiento de la comarca, y finalmente un compuesto fermentado (Bocashi) elaborado, por ejemplo, con estiércol, cascarillas de arroz, tierra, paja entre otros elementos, y que puede ser elaborado por el mismo agricultor en 15 días (aunque requiere dedicar tiempo).

Los resultados han dado como ganador el abono elaborado con estiércol de ternero: no sólo aporta nutrientes al suelo sino que también es de los mejores fertilizantes. Ahora, este ensayo se hará de nuevo utilizando como sustrato tierra del parque agrario. Además, en algunas fincas los agricultores han reservado también un espacio para la experimentación. Si hablamos de costes, hay que apuntar que todo agricultor invierte una media de 3.000 a 6.000 euros anuales por hectárea en fertilizantes, subraya Albert. La aplicación del abono ganador del ensayo puede tener un coste de 500 a 1.000 euros por hectárea y año y además contribuye a la doble función de mejorar el suelo y ser un buen fertilizante. Conclusión?

Fotografías: Albert Lacunza / ADV Fruiters Baix Llobregat.